La primera y segunda revoluciones industriales nos trajeron la fabricación a escala y las líneas de producción mecanizadas. Gracias a la informatización, la Industria 3.0 abrió las puertas a una mayor automatización: es decir, muchos procesos de producción podrían llevarse a cabo con poca o ninguna intervención humana.
La 4ª revolución industrial supone un nuevo y gran cambio, y está impulsada por dos cosas: la conectividad y los datos.
Conectividad
Tomemos el ejemplo de una línea de producción típica. En la forma estándar (Industria 3.0) de hacer las cosas, hay varios equipos, cada uno de los cuales tiene su propio ordenador para controlar, automatizar y supervisar su actividad.
En la Industria 3.0, se trata de procesos distintos e independientes. En la Industria 4.0, sin embargo, tenemos una red de máquinas conectadas digitalmente entre sí, con capacidad para compartir y crear información.
Datos
Entonces, ¿qué información comparten realmente estas máquinas y cómo beneficia esto a la empresa?
Todos los monitores, rastreadores y otros componentes del sistema de fabricación conectado pueden generar potencialmente grandes cantidades de datos. Aquí es donde entra el elemento «inteligente» de la Industria 4.0. Gracias a las tecnologías basadas en la Inteligencia Artificial, las máquinas pueden reconocer, analizar y actuar a partir de la información que reciben, reduciendo la necesidad de introducir datos manualmente.
Los sistemas pueden «aprender» a reconocer anomalías, defectos y otros problemas en una fase muy temprana, lo que puede redundar en beneficios como un mejor control de calidad y una reducción de los residuos. Desde una perspectiva estratégica, si se pueden aprovechar y analizar los datos de todo el sistema conectado, se puede contribuir a una toma de decisiones mejor y basada en pruebas.